Es nada, lo que no
existe no es. Es: es ser él cuándo el ser es.
Es verbo, y no sujeto.
Es aire y sonido, accionar, chasquido de piedras, chispa de sol, fuego de
agujas.
Tú te preguntas. Muy
bien, claro. Desde que momento se rompe, se florece y se es. No la tienes la
respuesta. Es frío como el silencio tu esperar. Gas oliendo a sangre que
asfixia tus neuronas, y es que te nubla
los ojos la idea, tal.
¡Tú! El niño fue. ¿Fue lo que el niño era? ¿Y lo
que fue el niño, es expansible a tu figura? Hombre arrogado a las sombras de la
oficina. Del yo y el mí mismo. El desdoblamiento, desgajo del ser. Su incompletitud. Inciertas transformas de
sensaciones palpitantes, paralelas y a la vez A- temporales. ¿El yo se
demuestra en la exposición del ser a los
otros? ¿es? ¿Nace y muere en cada una de
esas recreaciones?
Hombre de las sombras
callantes que atisba lo que el niño fue.
¿Que ha sido de aquel?
Son lo mismo. ¿Puedes
respirar su aire, hombre? ¿Puedes consolar algo de lo que el niño sintió? ¿Sabes- con un saber del recuerdo o de las
sensaciones- como dolió cuando te caíste por primera vez de la bicicleta en el
patio de tía Esther, no recuerdas en él floreciendo todos los dolores que
fueron y serán de ti? No lo pierdas. La sal del chocolate, tus dedos laten la
yema de su encanto. Vuelve allí, ahora.
A través de ese puente amarillo, azul
transparente la nube de corales unicornios. Virgen cenicienta no te vayas en
arrugas té con leche de un recuerdo.
Porque un día los ojos
serán las puertas del universo. Tan
inmenso, tan, pero tan como el corazón de un higo, esos de la higuera de la
casa de tu primo. Así será nuestro universo un buen día, un dulce higo. Y la
miel nuestra catarata para respirar su tierno aroma. El de su boca esa pecera,
cuando estalla en cardúmenes fulgurantes de fuxia respirar. De tu lengua que se
hace mil centellas y cosquillas en la mía, tu boca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario